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CUANDO LA PERSONA TÓXICA CONTIGO ERES TÚ

26 de Junio de 2017
LEONOR CABRERA | CLUBDELASMALASMADRES

Seguro que alguna vez has escuchado hablar de las personas tóxicas. Esas que te transmiten malos rollos y que te dejan un velo negro en el alma como si fueran un trozo de alquitrán de esos que se pegan a los pies cuando caminas por una playa a la que ha llegado algún pequeño vertido.

 

Son personas quejicas, con malas vibras, a las que le va el critiqueo, el pesimismo, sentirse víctimas de la vida y sienten que hay una especie de conjuro contra ellas que las lleva a tener que sacrificarse más que nadie, dar a los otros más que nadie o ser más perfecta que nadie, que toxicidades hay para todos los gustos. Esa toxicidad a veces se plasma en una especie de despotismo: de decir aquí mando yo y me tienes que obedecer sea como sea porque tú no sabes nada.

 

Hay muchos artículos y posts escritos sobre ello, así que es muy posible que alguna vez hayas leído alguno y hayas catalogado a tal o cual persona que tienes cerca como tóxica y a partir de ahí hayas tomado todas las precauciones habidas o por haber para alejarte de ella, lo que sin lugar dudas está muy bien y es más que comprensible.

 

Pero, ¿qué sucede cuando la persona tóxica contigo misma eres tú? Hay ocasiones en las que nosotras somos nuestras peores enemigas y en las que nos tratamos y nos hablamos peor que nadie. ¿Qué frases son las que te pueden llevar a detectar que estás cayendo en un comportamiento tóxico?

 

Y, ojo, prefiero hablar de comportamiento tóxico a ser tóxica, porque en el momento en el que nos creemos que somos algo lo interpretamos como si ya fuera inamovible. Sin embargo, cuando caemos en cierto compartimiento sí que nuestro inconsciente cree que puede cambiarlo. Así que vamos a ver esas diez frases que pueden indicar que estamos cayendo en un comportamiento tóxico:

 

“La vida es injusta conmigo”. Cuando hago sesiones de coaching wingwave (si no sabes lo que es, puedes leerlo aquí) testamos si existe algún estrés espiritual. Esta frase pertenecería a ese tipo de estrés y tiene que ver con sentir una profunda carencia vital y que la vida, por mucho que nos esforcemos, conspira contra nosotras con todas su fuerza. Si te la dices a menudo pregúntate cuáles son los hechos concretos que provocan esa sensación de injusticia, si conoces a más personas que le hayan sucedido circunstancias similares y si esas personas se lo toman como tú o están avanzando en la vida. Y también te puedes preguntar, además de quejarte, qué puedes hacer para salir de ese bucle de sentirte más desdichada que nadie.

“Siempre llevo las de perder”. Pues sí, ésta es otra frase relacionada con la queja profunda de sentirse menos. ¿En realidad siempre pierdes? ¿En qué circunstancias has ganado? ¿Cuándo has obtenido lo que ansiabas? Y, ¿qué has hecho en esas ocasiones para que te vaya bien? La queja es un ladrón profundo de energía que nos quita predisposición para actuar y para ir por lo que en realidad deseamos, así que detecta cuando te estás quejando y pregúntate qué puedes hacer para superar esa situación.

Te pillas criticando a alguien por un comportamiento o actitud que no te gusta. Ah, la crítica, otros de los ladrones de energía que están a la orden del día. Piensa que cada vez que criticas a alguien estás creando una especie de mala vibración. Si tienes un problema con esa persona, díselo. Cuéntale cómo te sientes con eso que hace porque ahí sí que podrá haber una solución. De lo que se trata es de construir, no de destruir.

“Nunca tendré una familia/amigo/marido/hijo que me quiera como quieren a mi amiga fulanita”. Es posible que aunque nunca te hayas pillado pensando esto, sí que tengas una profunda sensación de carencia que te acompaña durante toda la vida. Una carencia que duele, que te hace ver que los otros son muchos más felices que tú y que tienen una vida emocional plena y maravillosa que tú nunca tendrás. Aquí el antídoto es la ecuanimidad, el darte cuenta de todo lo bueno y abundante que tienes en tu vida. Incluso puedes hacer un listado con todo lo que te llena y con todo lo que te enorgullece de ti y de los tuyos. Verás cómo no hay tanta carencia como pensabas.

“Soy imprescindible para mi familia”. Tan tóxico es sentirte carente como abundante en exceso porque detrás de esa abundancia desaforada, en la mayoría de los casos, lo que hay es un intento de tapar esa carencia. Aún recuerdo un taller sobre gestión del tiempo en el que una de las alumnas nos justificaba que se tenía que levantar todos los días a las siete de la mañana porque le tenía que preparar el desayuno a su hijo de 12 años. ¿Y si no te levantas, qué sucede?, le pregunté. La respuesta fue que su hijo se iría al colegio sin desayunar. Yo no sé tú, pero recuerdo que con 12 años llevaba ya algún tiempo preparándome mi propio desayuno. Detrás de actitudes como éstas hay una necesidad de sentirse imprescindible, de ser querida por lo que hacemos, por lo que aportamos a los demás y no por lo que somos. También es una forma de hacer tontos a quienes nos rodean, incluidos los buenos padres y las buenas madres (que también hay parejas de mujeres con hijos que nos leen). El antídoto puede ser una pregunta un poco gore que se me acaba de ocurrir, quizás porque acabo de ver una película que va sobre esto: si yo muriera mañana, ¿cómo se organizaría mi familia? ¿Sobreviviría? Todos somos insustituibles pero nadie es imprescindible.

“Tiene que estar perfecto para estar acabado”. Uff, ésta es una de las ideas locas más duras que conozco porque cuesta muchísimo ser desactivada. La perfección, en teoría, es deseable. Cuanto más perfecto esté algo, mucho mejor, no cabe duda. Sin embargo, el intento de ser perfecto o de hacerlo todo perfecto es una gran maldición porque, al menos para mí, la perfección no existe como ya contaba en este post sobre el síndrome de la mujer perfecta. ¿Cómo sabemos que algo está perfecto? ¿O cómo sabemos que nosotras lo somos? Es imposible. A mí, en lugar de perfección me gusta hablar del concepto kaizen, que en japonés significa mejora continua y que es una estrategia que aplican numerosas empresas. Aquí partimos de la premisa de que siempre podemos mejorar lo que hacemos, lo que implica que cualquier cosa es imperfecta, así que siempre tenemos margen de mejora.

Tengo que esforzarme más. El esfuerzo es necesario y positivo, no me cabe la menor duda pero con el esfuerzo sucede algo similar a lo que sucede con la perfección: cuando siempre es necesario más esfuerzo es cuando nos acabamos agotando y el disfrute pasa a un segundo, tercer o cuarto plano. No sé a ti, pero cuando estoy en este bucle del ‘tengo que esforzarme más’ (creo que ésta es una de mis principales toxicidades) no paro, lo que significa que no disfruto de la vida. Delimitar cuánto te vas a esforzar, en horas, en tareas o en algo cuantificable, puede ser una buena estrategia para no caer en ese pozo sin fondo.

¿Para qué voy a intentarlo si no me va a salir bien? Volvemos al apartado ‘yo soy víctima porque sí’. ¿Por qué al resto del mundo le a salir bien y a ti mal? ¿Es que eres especial para que te salgan mal las cosas? Y si no me crees, haz un listado de las veces que algo te ha salido bien cuando te has esforzado. ¿A que no es para tanto?

Yo puedo con todo. Ésta es otra de las que a mí me fastidian la vida a menudo porque tan malo es sentirte por abajo como por encima. En apariencia el decirte esto puede molar, ¿verdad? Pues no tanto como parece porque nos hace ser incapaces de pedir ayuda, de solicitar colaboración y nos lleva a intentar tirar siempre para delante como mulas. ¿Es de verdad necesario que puedas con todo? ¿Qué pasaría si te relajaras y sólo pudieras con lo que te apetece poder en este momento?

Tengo que tenerlo todo bajo control. Y para el final he dejado ésta que es una de las frases tóxicas estrella. Esta necesidad de control es uno de los grandes males porque hace que gastemos mucho esfuerzo en controlarnos a nosotras y en controlar a los demás. Y, por si aún no te has dado cuenta, la vida es incontrolable. Siempre te irá dando sorpresas y poniéndote por delante situaciones en las que no puedes controlar nada, así que más que frustrarte, aprende a soltar y a vivir en la incertidumbre. ¿Qué es lo peor que te puede pasar?

¿Te dices alguna de estas frases? ¿Cuál es tu grado de toxicidad contigo misma y qué consecuencias te acarrea esa toxicidad? Me encantaría escucharte ahí abajo, en los comentarios.

 

LEONOR CABRERA | 6 MAYO 2016 | https://clubdemalasmadres.com/cuando-la-persona-toxica-contigo-eres-tu/

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