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Hijos tiranos, padres rehenes, un juego en el que todos pierden

28 de Agosto de 2017
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No es lo que parece. No es un niño que disfruta y saca tajada de la debilidad de su madre cuando en una juguetería la arrincona contra las cuerdas de un juguete mucho más caro del que podría comprarle, y bajo la amenaza de la vergüenza en público se lleva el trofeo entre manos. No disfruta ese niño, no...

 

No disfruta tampoco el muchacho que ante el desconcierto y el desacuerdo de sus padres los pone en jaque con un barullo de ideas, contradicciones y presiones que le permiten birlar un permiso bajo la suplica del "todos van", argumento que hace sentir a sus padres señores despóticos que dejan a su hijo sumido en la tristeza de ser el "único" que queda en casa, solo y triste mientras sus amigos se divierten.

 

No la pasa bien tampoco el pequeño que somete a sus padres a un boletín de calificaciones espantoso como agradecimiento a un interés excesivo por su rendimiento escolar, ejerciendo así la "tiranía desde la libreta de calificaciones". "¿Quieren un abanderado? Pues bien, ¡les regalo el peor de la clase!"

 

Hijos tiranos, padres rehenes, un juego en el que todos pierden.

 

Cuando los adultos no asumen su lugar desde una posición clara, firme y desde el amor responsable, los hijos comienzan a intentar distintos tipos de reclamos en pos de obtener lo que de sus padres necesitan. Cuando esto no resulta, y a partir de la combinación de distintos factores, el vínculo se desnaturaliza y la violencia se apodera de la escena: la violencia en manos de los hijos, el miedo del lado de los padres.

 

Hijos tiranos, padres sometidos; pero hijos también sometidos a su propia tiranía que los toma de rehenes a ellos mismos.

 

El juego del sinsentido, el juego del disparate, el juego de padres e hijos que pelean como perro y gato. Y se olvidan de quererse, de cuidarse, de ser padres, de ser hijos...

 

Estamos en presencia de padres que han sido hijos temerosos y que en el esfuerzo de que sus hijos no sufran sus propios padeceres se pasan al extremo de la híper-permisividad.

 

Error. Los límites alivian. No son ni deben ser penitencias, castigos, revanchas, ni nada que se instrumente desde lo punitivo, son medidas de cuidado.

 

Y la sobreprotección genera una dependencia y una modalidad de vínculo que a veces suele ser riesgosa.

 

Los chicos saben, saben mucho más de lo que los adultos nos damos cuenta. Y están a la espera muchas veces de que tomemos decisiones que intuitivamente entienden que son para su bien.

 

 

Claves para generar antídotos contra vínculos tiranos

 

* No taponemos las emociones de nuestros hijos con nuestra angustia, con nuestra bronca, con nuestros miedos. Dejarlos crecer, acompañarlos en el pasaje de lo endogámico (dentro de la familia) hacia el afuera es un proceso que inevitablemente asusta. Vivimos en un mundo hostil y áspero, pero no por eso debemos retener a nuestros hijos bajo el amparo de la "seguridad del hogar" más que lo que el sentido común indique. Abramos las puertas necesarias para que salgan al mundo adulto de pie y con la mejor caja de herramientas que podamos darles.

 

* No seamos como padres "cancheritos arrepentidos" (como decía el querido Hugo Midon), que decimos NO para después decir SI.

 

* Mantengamos el eje a la hora de poner límites, pensemos a estos como "el equilibrio entre la firmeza y el afecto". Los gritos son siempre la impotencia del no saber qué hacer. Un pacientito me contaba que su madre le gritaba mucho, al preguntarle yo qué le decía me contestó "¡No sé..., grita, no la entiendo... Es ruido!".

 

* No tiremos por tierra rápidamente aquello que enunciamos, aquellas medidas de cuidado que implementamos si es que creemos que son las adecuadas para acompañar los procesos de nuestros hijos. Si tenemos dudas, recordemos que no somos ni bomberos ni obstetras, tenemos tiempo de pensar antes de actuar.

 

* No cedamos a la tentación de tapar los conflictos inmediatamente: es siempre pan para hoy y hambre para mañana. Recordemos que la construcción de un umbral de frustración sólido es esencial a la hora de salir al mundo adulto. Permitamos que nuestros hijos tengan hoy sus chichones para evitar "fracturas expuestas" el día de mañana.

 

* Ante lo difícil de entender a los hijos de la post modernidad, no perdamos de vista la asimetría esencial para el vínculo.

 

 

Límites y asimetría

 

El síndrome de Dorian Gray es uno de los fenómenos de nuestros tiempos, padres y madres que borran diferencias entre ellos y sus hijos pensando que eso acerca lazos... Comprar ropa en el mismo negocio, tomar lugar en la ronda de amigos que hacen la previa para ir a bailar, intentar congraciarse desde chistes típicamente adolescentes.... Nada más lejos de acercarlos: ¡todo lo contrario! Abochorna a los hijos y nos ubica como padres en un lugar de difícil retorno.

 

* No anticipemos el deseo de nuestros hijos. Recordemos que la "voracidad de los padres genera la inapetencia de los chicos". El nene no me come, no me estudia, no me aprende, son maneras de auto-referenciar cada acto de nuestros hijos y anular la iniciativa.

 

Les aseguro que la llave que libera las cadenas de esta condición de rehenes, en la que nos hallamos a menudo respecto de nuestros hijos, está, como la mayoría de las cosas que tienen que ver con ellos cuando son pequeños, en alguno de nuestros bolsillos. Los invito a una búsqueda tan necesaria como posible.

 

Por nuestro bien, por el de ellos, ni tiranos ni rehenes, ni perros y gatos, solo padres e hijos, ni más ni menos.

Que de eso se trata...

Fuente: Lic. Alejandro Schujman autor de "Es NO porque YO lo digo., Padres rehenes de hijos tiranos", editorial Lumen.

 

12 MARZO 2014 | https://www.clarin.com/hijos/limites-padres-rehenes-hijos-tiranos-parece...

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