Se encuentra usted aquí

Síndrome del emperador: no puedo con mi hijo

28 de Agosto de 2017
Alhelí Quintanilla | WWW.WEBCONSULTAS.COM

La frustración es un sentimiento indispensable en el desarrollo infantil: el niño necesita, desde que tiene más o menos un año, rutinas, reglas y límites claros sobre lo que puede y no puede hacer. De hecho, uno de sus deportes favoritos consiste en poner constantemente a prueba a sus padres para ver hasta dónde puede llegar.

Pero a partir de los seis años hay niños que se muestran muy impulsivos, que mienten, que tienen actitudes vengativas, que no conectan con los demás, que son insensibles, con ganas de hacer el mal porque sí, se sienten poderosos, carecen de empatía… Estas son actitudes tiránicas, que a los once años se pueden agudizar y que a los 15 años ya son difíciles de encauzar porque se juntan con la rebeldía propia de la adolescencia.

Y es que educar no es fácil, y debe implicar ciertas dosis de frustración para equilibrar el amor infinito que sentimos por nuestros hijos. Si los padres ejercen su autoridad con cariño y constancia, los apuntes de tiranía deberían ir poco a poco mitigándose. El problema llega si no hay reacción por parte de los progenitores, que, en su afán de buscar una explicación-excusa a todo –“el niño tiene mucho carácter”, “lo que hace es normal a su edad”…- no se atreven a imponer la más mínima disciplina. El problema se va agrandando hasta que la familia tiene la sensación de que se le ha ido de las manos. ¿Qué hacer entonces? No se trata de volver a las prácticas de antaño, sino de actuar con sentido común, sin exasperarse y sin violencia.

 

Reglas básicas para frenar comportamientos tiranos

Si los padres han llegado al punto límite con sus hijos tiranos pueden –y deben– pedir ayuda externa. Primera visita: el pediatra, que les ofrecerá pautas y consejos sobre cómo actuar. Algunos niños –y sus padres– necesitan además psicoterapia dependiendo de los síntomas y de su edad. Si se trata de preadolescentes o adolescentes y ya se han vuelto agresivos, el problema es más serio y la terapia, más larga.

Además, se pueden fijar las siguientes reglas para atajar comportamientos tiránicos:

Ambos progenitores deben estar de acuerdo en cómo quieren educar a sus hijos, en cuál va a ser su modelo educativo y actuar ante él sin fisuras, porque si las hay, el niño se aprovechará enseguida de ellas.

Los padres deben ser capaces de admitir que su hijo es un tirano y no buscarle atenuantes.

Rutina, rutina y más rutina. El día a día del niño debe estar pautado: horas fijas para comer, para acostarse, para hacer los deberes. También debe tener una serie de obligaciones en casa –hacer la cama, poner y quitar la mesa, etcétera– de las que no se puede escabullir. Y normas muy claras sobre su tiempo de ocio.

Nada de amenazas. Las amenazas transmiten inseguridad al niño y sólo logran aumentar su tendencia a la negación.

No se trata de prohibirlo todo después de haberle dejado hacerlo todo. Una vez dicho una cosa, no hay que retractarse, así que más vale pensar con calma antes de hablar y actuar.

No hay que ponerse a la altura del niño: si grita, patalea y monta una escenita, hay que respirar y contenerse. Nada de chillidos, sofocones o tortazos, mejor esperar a que se calme sin hacerle el más mínimo caso.

No sirve de nada argumentar sin fin, el niño tirano no está acostumbrado a las palabras. En vez de discutir, hay que recordarle cuáles son las reglas que hemos fijado y su deber de respetarlas.

Tampoco sirve pedirle que se ponga en tu lugar: justamente una de sus características es su falta de empatía.

Recordar que los milagros no existen y la educación es una carrera de fondo: puede que no haya resultados inmediatos, pero, según va creciendo, el niño logrará interiorizar nuestras enseñanzas.

 

Alhelí Quintanilla | http://www.webconsultas.com/bebes-y-ninos/psicologia-infantil/como-actua...

Añadir nuevo comentario